El 12 de octubre va a ser un día de trabajo normal. Para ”producir” más y mejor, como quieren. Los robots no se pueden desconectar, la riqueza (de unos pocos) debe crecer sin cesar…
El Almirante descansa en algún lugar, nadie sabe bien dónde. Mejor que no le encuentren, porque cuando lo hagan van a vender las entradas al lugar, los pasajes con estadía, las postales. El negocio. La riqueza (de unos pocos) debe crecer sin cesar…
Atrás quedaron sus hazañas, sus virtudes, los años de oscuridad, la gloria, y la dolorosa caída.
Ya se olvidaron las hazañas de los descubridores, el valor de los navegantes, la epopeya de las carabelas creando nuevas Españas más allá (acá) de los mares. Hoy sólo cuenta el dinero, el oro, la plata. El interés. Es que la riqueza (de unos pocos) debe crecer sin cesar.
Este viernes nadie recordará al Almirante. Las virtudes caballerescas están de más en un mundo que adora al becerro de oro, que sacrifica toda su vida vagando por el desierto.
El capital se multiplica y los robots no se pueden desconectar.
El 12 de octubre es un día de trabajo normal. Nada puede interferir en la titánica obra del Último Hombre: multiplicar el capital. Como un Emboscado, rendiré un secreto homenaje al Almirante Cristóbal Colón, el ensanchador de mundos. Con cuidado y prudencia, no me vaya a sorprender el sabueso mecánico y me lleve al Circo Máximo por no postrarme ante el nuevo dios de los judíos. Porque, como sea, la riqueza (de unos pocos) debe crecer sin cesar…
¡No exageres!, me dicen. El lunes es feriado y se puede descansar. Sí, es feriado y se puede descansar. Descansar histéricamente, en un día libre que ya no recuerda nada, dándose vueltas, sin saber qué hacer con esas tediosas y horribles horas muertas entre dos jornadas de trabajo, las únicas que hoy dan sentido. La peor tortura del Último Hombre, un feriado sin trabajo. Un día completo donde nos asaltarán recuerdos y preguntas, donde la imaginación, esa vieja loca de la casa, nos llevará a situaciones embarazosas. Un día entero que nos hará evidente el vacío y el sin sentido. Pero no importa, todo está pensado. El capital no duerme ni en días feriados. La ganancia, el negocio trabaja día y noche. Ya podremos comprar un poco de entretención: el hombre no sólo es producir, me dicen, también es consumir. Y es libre para elegir, añaden con una gran sonrisa en los labios. Esta es la trilogía que les basta, la estructura que sostiene todo su pobre y estrecho mundo. Es cierto, todavía tiene la libertad de consumir y producir, o producir y consumir. El capital y la libertad son los dos cuernos del becerro.
Los robots pueden estar tranquilos, el mall estará abierto, y la televisión no cesará de lanzar sus consignas, sus órdenes durante todo el día.
Fuera los héroes, fuera los mártires, fuera el fanatismo y la intolerancia. Fuera las barreras que impiden el entendimiento universal… y el libre fluir de los capitales internacionales. Porque ya lo saben, la riqueza debe crecer sin cesar. La riqueza de unos pocos, claro está.
miércoles, 10 de octubre de 2007
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