domingo, 1 de julio de 2007

¿POR QUÉ EL MARTILLO?

La elección de un nombre no es tarea baladí. Dice mucho, o al menos debiera decirlo, acerca de quien lo elige, en el caso de las personas, y de quien lo lleva, cuando hablamos de iniciativas como la que estamos desarrollando con este blog. Es una concisa declaración de principios, tan profunda como dos o tres palabras lo permiten.
En nuestro caso, recordamos el significado que a esta noble herramienta de trabajo le atribuye Friedrich Nietzsche en la introducción a su "El Ocaso de los Ídolos. Cómo se Filosofa a Martillazos":
"Otra forma de curación, que a veces me resulta incluso más apetecible, es someter a examen profundo a los ídolos... En el mundo hay más ídolos que realidades: este es el "mal de ojo" y el "mal de oído" que tengo yo para este mundo... Ir haciendo preguntas a base de golpearlos con el martillo, y oir tal vez, como respuesta, ese conocido sonido a hueco que revela unas entrañas llenas de aire, representa una delicia para quien tiene otros oídos detrás de los oídos, para este viejo psicólogo y cazador de ratas que soy, ante quien tiene que dejar oir su sonido precisamente aquello a lo que le gustaría permanecer callado".
El martillo es, en este caso, como nos explica Enrique López Castellón, no una piqueta destructora, sino un instrumento para medir verdades, una piedra lanzada al fondo del estanque que nos permite conocer la profundidad de sus aguas. Una herramienta de percusión, que al tocar las representaciones de los falsos dioses en boga pone claramente en evidencia la vacuidad de éstas. Así, con un ligero martillazo los ídolos venerados revelan al punto su inconsistencia y su falta de contenido.

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