Al menos por unos momentos las fábricas, los talleres, los campos, las minas y las oficinas de Chile deben parar su bullente actividad. Debemos detenernos y reflexionar. Ha sido asesinado el cabo Cristián Vera Contreras. Estamos impactados, tristes. Tenemos rabia. Pero no podemos olvidar que el cabo Vera, en su generoso sacrificio, nos ha dado una lección a todos nosotros. Una lección que nos dice que más vale vivir un día como león, que ochenta años como un miserable; que más vale morir joven, defendiendo a la comunidad, viviendo un ideal, que arrastrar una existencia inmunda, sumida en las drogas y el crimen. No somos todos iguales. No. El cabo Vera es la expresión de lo mejor de nuestra historia, es la confirmación que el noble roto chileno sigue vivo en el alma de nuestro Pueblo. Es la expresión más alegre y más viva que Carrera, Prat, Ramírez y Merino no son figuras de un pasado añejo, sino antorchas que siguen iluminando el camino de las generaciones presentes. Sus asesinos, en cambio, no son más que pobres individuos que oscurecen el azul cielo de la patria, no tenemos por qué soportarlos más, no merecen vivir. Me pregunto dónde están esos generales que corren a pedirle perdón a los infelices. ¿Hasta cuándo? Es hora que todos nosotros digamos ¡basta!
Estamos tristes, incluso alguna lágrima de emoción ha rodado por nuestras mejillas. Pero si de verdad creemos que la Vida es más que la vida, nos queda el consuelo que, desde hoy en la mañana, una nueva estrella alumbra la ruta de la barca chilena en su siempre difícil navegar por las aguas de la historia; una nueva estrella que se une a otras miles que, durante ya quinientos años, nos han guiado en lo más profundo de la noche.
Nuestras banderas están a media asta, el luto ensombrece nuestras miradas, pero la hermosura de la vida del cabo Vera nos reconforta. Nos ha demostrado que los valores todavía existen, y que vale la pena vivir conforme a ellos. Que la existencia de los hombres es más que comprar y vender. Más que consumir.
Este mártir deja unos hijos que continuarán un ejemplo tan noble. Su sangre, afortunadamente, no se ha perdido: la rueda de la vida sigue girando.
Mis respetos a su familia, especialmente a su viuda, y a sus camaradas carabineros, tropa y oficiales, que pese al dolor, tienen la alegría y el orgullo de comprobar que la Institución sigue siendo cuna de héroes.
jueves, 13 de septiembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario